lunes, 9 de abril de 2012

LONDRES 2012, LOS JUEGOS OLÍMPICOS DE LA GRAN DEUDA



Los crecientes gastos de organización, las delicadas finanzas públicas y la alta deuda ponen en aprietos al Reino Unido como organizador de las Olimpiadas de este año.

Diario Milenio


Cuando Londres ganó el derecho de organizar los Juegos Olímpicos de 2012, el entonces primer ministro británico, Tony Blair, aseguró que ésta sería una oportunidad para el deporte y dejaría “un legado” para su país.

Hoy, Gran Bretaña sufre por corregir sus maltrechas finanzas y su población se pregunta si la justa olímpica no afectará más sus bolsillos. Mientras, los costos de la organización siguen subiendo.

El 6 de julio de 2005, la capital inglesa superó en una apretada disputa a París, Nueva York, Madrid y Moscú, todas ciudades cosmopolitas, para organizar los juegos de este año. Miles de personas festejaron en Trafalgar Square, centro de Londres. El júbilo no era para menos: con ésta era la tercera vez (antes fue en 1908 y 1948) que la ciudad era elegida para albergar la competición. Seis años después, los costos en seguridad contra los ataques terroristas, una crisis catastrófica que estalló en 2008 y otra originada en la zona euro han cambiado por completo el panorama.




Finanzas en apuros

El comité organizador de los juegos de Londres presupuestó inicialmente en 2,200 millones de libras (3,500 millones de dólares) todos los gastos concernientes a los juegos. Sin embargo, esta cifra se ha incrementado más de cuatro veces. El costo se elevó hasta 9,000 millones de libras (14,000 mdd) y el comité solicitó otra ampliación de presupuesto hasta 11,000 millones de libras (17,250 mdd).

Pero el costo podría escalar aun más. Una investigación de los medios británicos ‘Sky Sports’ y el ‘Daily Mail’ señalan que los gastos subieron hasta 12,000 millones de libras (19,000 mdd). Inclusive, esta cifra podría duplicarse.

Las reformas al sistema financiero y las lastimadas finanzas públicas británicas ponen en un punto más delicado la organización de los juegos, pues al mismo tiempo de que aumentan los costos, también la deuda y el déficit.

La agencia Fitch Ratings puso recientemente en revisión especial con perspectiva negativa la nota de Gran Bretaña, y advirtió que en caso de no reducir con más celeridad su déficit, podría perder en dos años la 'AAA' de calificación.

"La revisión del panorama de calificación a negativo refleja el muy limitado espacio fiscal para absorber mayores choques económicos adversos a la luz de tales elevados niveles de deuda", aseguró Fitch en un comunicado.

Al corto plazo, el panorama empeora. La Oficina Nacional de Estadísticas del Reino Unido reveló que en febrero pasado que el endeudamiento público subió 15,200 millones de libras (18,185 millones de dólares), el doble que en el mismo mes del 2011.

El déficit británico se ubica en 110,000 millones de libras, aproximadamente 10% de su Producto Interno Bruto (PIB), mientras que la deuda total asciende a 995,000 millones de libras, casi 80% del PIB.







Se acaba la fiesta

Albergar los Juegos Olímpicos trae varios beneficios; además del supuesto orgullo entre la población y la promoción internacional, genera empleos e infraestructura que se puede seguir usando tras las competencias. Aunque según experiencias previas en países organizadores, los beneficios no siempre se cumplen.

Andrew Zimbalist, economista que ha estudiado el impacto económico de los eventos deportivos, explica en un artículo publicado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) que las ganancias por organizar eventos deportivos de gran tamaño son bajas o casi inexistentes.

“Es claro que si albergar los juegos olímpicos reporta algún beneficio económico, seguramente no es una mejora del presupuesto de los gobiernos locales, lo cual lleva a preguntarse si se producen ventajas económicas más generales, a largo plazo, o menos tangibles”, explica Zimbalist.

Los costos de albergar los últimos Juegos Olímpicos siempre han rebasado lo presupuestado. En 1976, los juegos de Montreal, Canadá, contaron con un presupuesto inicial de 124 mdd en la cotización de aquella época. Sin embargo, la ciudad contrajo una deuda por 2,800 millones (10,000 mdd de 2009) y tardó tres décadas en pagarla.

Para la justa olímpica de 1984, ninguna ciudad quería ser anfitriona una vez vista la experiencia de Montreal. El Comité Olímpico Internacional logró que Los Ángeles, California, aceptara, pero con la condición de que la ciudad no tendría ninguna obligación financiera, por lo que comenzaron a buscarse patrocinadores privados. En esa ocasión, el balance final fue un superávit de 300 millones, pero este modelo no se logró replicar en las siguientes ediciones.

La deuda a raíz de los juegos de Barcelona 1992, a pesar de ser un evento exitoso, fue de 6,000 mdd en total, asegura Zimbalist en el artículo, mientras que para Grecia, albergar las competencias de 2004 le significó gastos por más de 16,000 mdd y Beijing, China, destinó aproximadamente 40,000 mdd para los juegos de 2008.

Tras los días de competición, muchas instalaciones especializadas e infraestructura se vuelven inútiles y su mantenimiento resulta oneroso, además de ocupar terrenos necesarios para las ciudades, añade Andrew Zimbalist, también profesor en la Cátedra Robert Woods en el Smith College.

Países emergentes, los ganadores

Con los costos excesivos, pareciera que albergar eventos deportivos de gran magnitud trae más perjuicios a los países que los organizan. Las economías emergentes, con crecimientos más vigorosos y balances financieros sanos que los desarrollados, pueden encontrar más beneficios.

“El impacto de realizar grandes eventos deportivos varía según el nivel de desarrollo de la ciudad o país sede. Con una planificación adecuada, la organización de un gran evento puede servir como catalizador de una moderna infraestructura deportiva, de transportes y comunicaciones, lo cual generalmente beneficia más a las regiones menos desarrolladas”, resalta Zimbalist.

China, Brasil y Rusia han visto en la organización de estos eventos una oportunidad para el desarrollo de infraestructura, generación de empleos y mostrarse al mundo como países en constante crecimiento. Ya lo hizo China, hoy segunda potencia mundial, con los juegos de Beijing en 2008. Brasil hará lo propio con la edición de Río de Janeiro en 2016 y con el Mundial que también organizará en 2014. Mientras que Rusia lleva más de 30,000 mdd invertidos para los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi 2018.

El 'honor' de organizar una justa deportiva, en la que todo el mundo pondrá su atención, es la principal razón por la que los países asumen el compromiso, pero ahora lo pensarán dos veces antes de ofrecerse.

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