jueves, 8 de diciembre de 2011

LA CORONA DE ADVIENTO, ES TIEMPO DE ADVIENTO CONOZCAMOS SU SIGNIFICADO.







EL SENTIDO DEL TIEMPO DE ADVIENTO



Pbro. Dr. José Luis RAMOS CORONA
El Adviento es el tiempo de la Venida del Señor. Viene de la palabra latina “adventus” que quiere decir venida, advenimiento o llegada. Es una palabra que se aplicaba especialmente a la llegada de algún personaje importante; ahora nosotros la dedicamos al único personaje realmente importante, Jesús.Con el inicio del año litúrgico (que iniciamos el domingo pasado), preparamos la celebración de la Navidad, dedicamos cuatro semanas a contemplar, esperar, desear, preparar y celebrar en nuestras vidas esta Venida. Al tiempo que anhelamos que venga el Señor y nos queremos convertir para ser “un pueblo bien dispuesto”, podemos también vivir la alegría de su presencia en nuestras vidas.Anhelo hecho realidad
Esta Venida del Señor no es la ficción de estar esperando como si fuesemos los hombres y mujeres del Antiguo Testamento que no habían visto aún al Mesías. Nosotros sí lo hemos visto, nosotros hemos conocido ya su Venida en nuestra historia, hace más de dos mil años, en Belén. Pero esta Venida histórica, que conmemoramos en la Navidad, deja en nosotros el anhelo de una vida más plena. Por ello, decimos que el Adviento celebra una triple Venida del Señor: 1. La histórica, cuando asumió nuestra misma carne para hacer presente en el mundo la Buena Noticia de Dios.
2. La que se realiza ahora, cada día, a través de la Eucaristía y de los demás sacramentos, a través de tantos y tantos signos de su presencia, sobre todo en los pobres, enfermos, encarcelados…
3. La venida definitiva, al final de los tiempos, cuando llegará a plenitud el Reino de Dios en la vida eterna.
Todo esto celebramos en el tiempo de Adviento. Y lo celebramos como en una gradación: los primeros días, el interés principal se dirige hacia la venida definitiva al final de los tiempos, con la llamada a la vigilancia para estar bien dispuestos; luego, nos centramos más en la venida cotidiana, que vemos marcada por los anuncios del precursor Juan Bautista y su invitación a preparar el camino del Señor y finalmente, sobre todo a partir del día 17 de diciembre, nuestra mirada se fija de lleno en la espera del nacimiento de Jesús en Belén, acompañados a lo largo de todo el tiempo por los oráculos de Isaías y de los demás profetas, que nos hacen vivir constante actitud de gozosa espera.
El adviento en la historia
El tiempo de Adviento es el más tardío de todos los tiempos litúrgicos: no existió hasta el siglo V o VI. La fiesta de Navidad nació a principios del siglo IV, y consta por primera vez en un calendario del año 354; la fiesta de la Epifanía quizá algunos años antes. Y a partir de la existencia de esas fiestas, los cristianos quisieron dedicar un tiempo a su preparación. Un tiempo, sin embargo, que tuvo distintas extensiones y características según cada lugar, hasta que quedó fijado como ahora lo tenemos.
Tiempo de gracia
El Adviento es un tiempo de gracia. Todos los tiempos litúrgicos lo son, desde luego, pero este quizá tiene un particular tono de calidez humana y cristiana que nos lo hace especialmente próximo. La promesa de salvación de Dios se encuentra con las más valiosas y auténticas esperanzas humanas; su fruto es el Reino que se abre paso en medio de nosotros.
Merece la pena aprovechar y vivir este tiempo. Personajes queridos nos acompañan en el trayecto: los profetas: Sofonías, Jeremías, Malaquías, pero sobre todo el profeta Isaías, el precursor Juan Bautista, los últimos patriarcas como Zacarías, Isabel (padres de Juan Bautista), san José…y sobre todo, María la Madre del Salvador
En este tiempo que, como dice el Papa Pablo VI en su Exhortación Apostólica: Marialis Cultus, 3-4: “Queremos señalar cómo la liturgia del Adviento, uniendo la espera mesiánica y la espera del glorioso retorno de Cristo al admirable recuerdo de la Madre, en un feliz equilibrio a la hora de expresar el culto. Sin olvidar el centro de referencia que es Cristo.”
Que las esferas, los arbolitos y las piñatas no nos distraigan de lo más importante: esperar al Señor; practicando alegremente la justicia y las buenas obras esa es la mejor manera de prepararnos a la navidad.
Esforcémonos por vivir este tiempo litúrgico con profundidad y sentido cristiano. De esta forma viviremos ocupados en el Señor de la Navidad y no en las fiestas de navidad

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